Ayer, en la Casa de la Cultura, se presento la Oruquesta del Fin de los Tiempos, con un sonido muy personal, dondo un conciento interesante lleno de ritmos variados. mostrando un tipo de música experimental, pasando por el chill out, y con una cumbia que prendió al publico.
Una propuesta interesante, sin caer en lo comercial, o eso pretendo creer. El material de la inspiracién de Xavier, Israel y Jonathan, dejo en el publico un gesto de quereer escucharlos nuevamente, esperamos que el disco se publique pronto, y continuen mostrando esta propuesta interesante, y fabulosa.
sábado, 14 de noviembre de 2009
martes, 31 de marzo de 2009
Graciela en armon�a: Un saludo...
Graciela en armon�a: Un saludo... un saludo tambien y gracias por el comentario... y también un gran día para tí...
domingo, 22 de febrero de 2009
viernes, 20 de febrero de 2009
INCONCIENTE COLECTIVO
INCONCIENTE COLECTIVO
Subió las escaleras que le llevaban a su apartamento. Al entrar colocó su portafolio en una mesa. Se aflojó la corbata, miró a su alrededor como si buscara algo, fue a preparar una cena ligera, prendió el televisor. Al término del festín dejó todo limpio.
Se sentía pesado, pero igual comenzó el ritual nocturno: ponerse la pijama, lavar sus dientes y preparar todo para el día siguiente. Al mirarse al espejo sintió que la soledad lo asfixiaba. Su llanto sonó como el grito de los muertos.
Se dirigió a una cajonera. Sacó un revólver. Parecía suspendido en el tiempo. Su mente estaba en blanco. Era como si la demencia lo abrazara. Colocó el arma en su cabeza.
Se escuchó un disparo, cayó al suelo. Vio una sombra frente a él, dándole la mano para levantarlo, pero él hizo como si no existiera. Despertó. Se sentó en el suelo, observó el revólver, se dio cuenta de que no estaba cargado. Se acercó al cajón. Guardó el arma. Se sentó en su cama a reflexionar sobre lo sucedido; luego se acostó, apagó la luz y se volvió a dormir, ya que al día siguiente tenía que continuar con su rutina diaria.
Subió las escaleras que le llevaban a su apartamento. Al entrar colocó su portafolio en una mesa. Se aflojó la corbata, miró a su alrededor como si buscara algo, fue a preparar una cena ligera, prendió el televisor. Al término del festín dejó todo limpio.
Se sentía pesado, pero igual comenzó el ritual nocturno: ponerse la pijama, lavar sus dientes y preparar todo para el día siguiente. Al mirarse al espejo sintió que la soledad lo asfixiaba. Su llanto sonó como el grito de los muertos.
Se dirigió a una cajonera. Sacó un revólver. Parecía suspendido en el tiempo. Su mente estaba en blanco. Era como si la demencia lo abrazara. Colocó el arma en su cabeza.
Se escuchó un disparo, cayó al suelo. Vio una sombra frente a él, dándole la mano para levantarlo, pero él hizo como si no existiera. Despertó. Se sentó en el suelo, observó el revólver, se dio cuenta de que no estaba cargado. Se acercó al cajón. Guardó el arma. Se sentó en su cama a reflexionar sobre lo sucedido; luego se acostó, apagó la luz y se volvió a dormir, ya que al día siguiente tenía que continuar con su rutina diaria.
martes, 10 de febrero de 2009
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